dijous 24 de desembre de 2009

"Internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal"

Con esta frase, un juez de lo penal de Madrid ha mandado a la cárcel al directo de la SER y su director de informativos. Me parece una paja mental que hiede a partidismo. No seré yo quien salga a decir a lo que cientos de letrados pofesionales (y vosotros, que ya habeis hecho Règim Jurídic de la Informació xD) saben explicar muchísimo mejor: Que el legislador no podía prever en aquél momento la existencia de Internet, pero hay que hacer una interpretación en base al arguento teleológico, y bla, bla, bla.

¿Es necesario tanto ruido para que se legitimen cosas que son de sentido común?

Mis vecinos se chillan improperios desde hace media hora, feliz navidad.

divendres 9 d’octubre de 2009

Currently reading

.. novela: The Great Gatsby, F.S. Fitgerald.

.. novela gráfica (ahora que somos modernos y ya no se dice cómic): Shortcomings, by Adrian Tomime.

.. periódicos: None.


Me lo temía. (i) No tengo tiempo de nada y (ii) Esto se está convirtiendo en un diario personal.

dimarts 29 de setembre de 2009

¿¿Alice Russell, Os Mutantes??

dijous 24 de setembre de 2009

dimecres 23 de setembre de 2009

ODIO TODO

Resarcimiento premenstrual bajo forma de Nestlé con avellanas.

dimarts 22 de setembre de 2009

First we take Manhattan

La quinta canción de la gira de Leonard Cohen era Everybody knows. Lo supe el viernes, cuando por fin pude resarcirme de la desazón de ver al genio canadiense desplomarse en el escenario en tierras valencianas.

Quitando imperativos temporales por una pura cuestión de salud, el concierto del Palau Sant Jordi le dió doscientas mil vueltas a lo que se pudo atisbar en el Velódromo Luis Puig. Y eso que dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero va a ser que no.

¿Cómo puede ser que contando con una infraestructura de base similar -un pabellón deportivo- se hiciesen dos modelos de evento tan distintos, a años luz uno del otro?

Qué falló en Valencia:

La luz. Los ventanales y claraboyas del pabellón no estaban bien tapados, lo que impidió crear la intimidad necesaria para el concierto (a Cohen hay que verlo reverenciándolo)

El sonido. Malo. Reverberaba y se perdía en la amplitud del complejo deportivo, no sé si por falta de unos equipos lo bastante potentes.

La visión. El escenario, de tamaño reducido, y los seres humanos, de tamaño más reducido aún, eran dificilmente apreciables desde donde yo me encontraba (fila 22, muchísimo más cerca que en Barna). Sin pantallas. Las de Barcelona no eran grandes, pero como escribían hoy en La Vanguardia, suficientes para no pasar la mitad del concierto jugando al veo veo.

El público. Que se puso en pie (todos, los 14.000, lo juro) al salir Cohen a escena, y repitió el gesto varias veces a lo largo del concierto. Que le cantó tímidamente el cumpleaños feliz, que bajó en cascada, en medio de la -agradecida- oscuridad del Sant Jordi a situarse a los pies del escenario. Comparar esos ríos de gente, en el sentido más poético y más literal del término que he tenido la oportunidad de emplear en 22 años, con el público disperso del velódromo y sus gradas medio vacías es tan absurdo como comparar, por ejemplo, Los pilares de la tierra con Rayuela.

El artista. Por supuesto. Ser o no ser. Nunca sabremos si a pesar de todo lo anterior el concierto de Valencia hubiese podido resultar decente. Pero la sensación, comentada cada vez con más gente, es que no hay opción a que nada relacionado con la cultura se haga bien en Valencia. Así que los promotores pueden estar contentos del corte de digestión, porque las valoraciones de ese recital que nunca se celebró no son ninguna incógnita.

divendres 18 de setembre de 2009

El Salón

Ayer acabé Los girasoles ciegos. Hasta el día siguiente no me dí cuenta de lo bueno que era. Si bien toma algunos de los tópicos de la literatura española (y el cine, y la vida pública), es decir, la guerra civil, posee una sensibilidad que no roza en ningún momento la cursilería.

El libro está compuesto por cuatro partes. Lo extraño es que no tienen continuidad cronológica ni tampoco sustantiva. Uno esperaría al menos un cúmulo de coincidencias, una enrevesada maraña de personajes que se cruzan sin saber que se cruzan. Pero no, la calidad de esta obra radica en que apenas hay cuatro pequeñas conexiones, repartidas desigualmente en los cuatro capítulos, y aún así es capaz de conservar un precioso sentido poético. Supongo que si tuviera que atribuirle un adjetivo sería delicada.

Finiquitada la novela de Alberto Méndez, hoy he empezado Cosmópolis, de Don DeLillo. DeLillo es uno de los autores norteamericanos que tienes que leer. ¿Y quién lo dice? Los suplementos literarios de los diarios, alguna referencia en una columna de opinión, un blog, o una cubierta. También algún autor en una entrevista del dominical de esos mismos periódicos. ¿Y quién lo tiene que leer? Los pequeños gafapasta que abrimos los suplementos literarios de vez en cuando.

Como Chuck Palahniuk, como Bret Easton Ellis, como Ewan McEwan o Martin Amis. Autores modernos que hablan de la decadencia social de países en los que nunca he estado.