divendres, 8 de maig de 2009

La Universidad Rey Juan Carlos decide excluir a Julián Muñoz de sus cursos

¿Puede una universidad pública pagar a un mangante por dar un curso (a.k.a pontificar) sobre sus fechorías?
Si uno se para a pensar, la propuesta de la Juan Carlos no es tan censurable. A saber, ellos quieren dar todos los puntos de vista para llegar a una comprensión global del fenómeno.

Lo que ocurre es que todo tiene un límite, y anunciar a Julián Muñoz como ponente estrella no es aceptable por varias razones. En primer lugar, porque se trata de una persona que ha cometido un delito, y, si me lo permiten, de los menos honrosos.

Que un pobre robe no me entusiasma, en la medida en que puedo resultar una afectada eventual, y a pesar de ello, en ciertas y circunstancias, incluso simpatizo. Lo surrealista es que quienes roben sean los ricos. Y si además les pagan por haber robado, en plan oscar honorífico a la mejor trayectoria profesional la cosa ya es dramática. Es, en suma, una especie de reconocimiento. Y ahí radica lo repulsivo e indignante del asunto.

Un amigo mío opina que esto no es más que un modo barato (y triste) de hacerse publicidad. Primero, porque tenían al señor Muñoz de ponente, y, luego, porque decidieron retirarlo.

Yo lo único que sé es que me he vuelto a acordar de aquella canción de Celtas Cortos que tanto me gustaba de pequeña. Ya saben, por aquello de "Ultimamente, mi madre piensa, que leo tebeos en lugar de prensa".

Lean, lean.

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